Y en su patio caen las pinzas de la ropa de algún dios para que le abra la puerta. Y en el mío, de cuclillas, se ha puesto a cagar el sol, para que nunca me duerma.
No quiero ser más que el esqueleto de lo que he sido,
que cuenta al oído su penar. Sólo el murmurar de los cimientos enloquecidos que nadie ha podido desflorar.
Ay del que intenta conquistar la luna entera
con algún verso de mierda, separarla de mi vera.
Mírala toa' sonriente aunque le cante malamente,
muy tranquila y muy quieta. Porque con ella no,
no quiero ser un poeta.
Fóllame como si esta noche me fuera a comer
las estrellas una a una.
Y cuando me araña las tripas la zarza de pena que escondo,
me mezclo un ratito en el ancla que lastra mi vida
y que no llega al fondo.